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Cada 8 minutos

10 Ene

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Cada 8 minutos, día tras día. Cada 8  minutos, durante casi una década.

Cada 8 minutos despegaba un bombardero de aeropuertos “secretos” que nunca existieron. Cada 8 minutos vaciaban su letal carga sobre las gentes, en una guerra que nunca ocurrio. En ocasiones bombardeaban con lo que no habían podido tirar en Vietnam, cargado no se puede aterrizar. Ya tu sabes, nada personal, solo negocios…

Más de 2.000.000 de toneladas de explosivos cayeron sobre Laos. Este pequeño país sin mar tiene el doloroso récord de ser el más bombardeado del mundo. Los USA lanzaron aquí más bombas que en toda la segunda guerra mundial, Europa y Japón incluidos.Y eso en un país declarado neutral, escenario involuntario de la guerra fría más caliente.

Este es un país que más pareciera un rehén de otros. El rey de Tailandia se lo regaló a los franceses para que le dejaran tranquilo,  cuando estos se marcharon, le dieron la independencia a lo Sahara español para que los vecinos gordos se lo rifaran. Como China y Vietnam es una República Popular, los yankis hicieron un gran trabajo para consolidar las simpatías comunistas, al menos estos no les bombardeaban.

Cerrado a cal y canto durante más de treinta años, lamiendo sus heridas, sin posibilidad de sacar pecho, perdedores en todas las guerras ajenas. Hasta hace poco uno de los 20 países más pobres del mundo, los chinos les hacen carreteras para llevarse sus minerales (cobre y oro sobre todo), los vietnamitas y tailandese les venden sus productos y la oligarquía del partido no parece dar muestras de agotamiento.

En la forma se nos antoja como Camboya, en el fondo tiene algo de Vietnamita. Hasta ahora nos hemos encontrado un país montañoso, con infraestructuras a medio construir y con un Mekong omnipresente que lo vertebra y riega sus mayores ciudades y puntos de “interés” turístico.

Percibimos en las gentes algo de hastío, una alegría intermitente y una amabilidad a ratos distante. Igual somos nosotros, igual es el calor sofocante o el resfriado que arrastro y convirtió en un vía crucis los 110 km de ayer.

Dejamos la civilizada Tailandia para encontrarnos un país en el que las mordidas de la frontera están institucionalizadas. En Chong Mek un ajado cartel conmina a pagar un dólar más si llegas después de las 4 o en finde. Como era nuestro caso, poco hubo que objetar. Además cuando cae la noche y uno lleva 100 km las ganas de porfiar decrecen estrepitosamente, aunque te pidan otro dolar por sellar el visado ya mordido.

Engrasada con nuestros fondos la corruptela local, tomamos la carretera. Tuvimos suerte y  encontramos un picadero a diez km de la frontera, la llave de la habitación era un tenedor con el que sin demasiada habilidad conseguías abrir el pestillo. La cena frugal, a falta de hornillo y de oferta en el amago de pueblo que nos cobijaba.

Desde allí fuimos a Pakse, lo que fuera capital de Indochina guarda edificios coloniales de buen ver y su parcelita de Mekong. Después rumbo al sur, apenas 40 km para disfrutar de la diminuta, calmada y ruralmente cosmopolita Champasak con su teatro de sombras, su cine mudo con música en directo (al que acudimos puntuales cada atardecer) y su Wat Phu.

Ahora en las 4000 islas, donde el Mekong se rompe en mil pedazos, con islas alargadas, líquidas como las figuras de Dalí, frontera natural con nuestra recordada Camboya.

Nos esperan un par de días de hamaca, que es lo que dice la Loli  que hay que hacer. Saludos laosianos.

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