Tag Archives: De Dawei a Kanchanaburi en bicicleta

Building Budas

3 Abr

image Atrás quedó Birmania, regalándonos piedras y polvo hasta el último metro.

De Dawei fuimos hasta Tee Keh (Tiki) cruzando una frontera que no venía en los mapas, ni siquiera en el Tai de 2014. No podemos asegurar cuantos km fueron, porque en ese país la elasticidad tiempo-espacio es continua, nunca nos dijeron 2 personas o 2 señales lo mismo, pasábamos de estar a 80 km a 50 y de ahí de nuevo a faltar 100 km para la frontera (además en millas). Lo que tenemos claro es que pedaleamos en dos días 110 km por un paisaje espectacular surcando una carretera sin asfaltar que en unos años será una autopista, no exenta del rechazo de las gentes que pueblan esas tierras, que conecte Kanchanaburi (donde el famoso puente sobre el río Kwai) con el futuro mega puerto de Dawei.

Tuvimos la fortuna de acampar junto al río tras la primera jornada, fue una gozada pegarnos un baño en aquellas aguas limpias y cálidas, donde los lugareños al atardecer colocan las redes que recogen a la mañana, siempre cargadas de peces y de vez en cuando con alguna tortuga enorme.

Hubiéramos pasado una semana cruzando aquella sucesión interminable de toboganes enmarcados por el río a la derecha y la montaña a la izquierda, pero la visa no perdona y debíamos dejar el país. image Nuestras piernas todavía daban de sí, pero la dureza del recorrido aumentaba, el río se despedía de nosotros y nos tocaba desmontar para superar algunas cuestas. En una de las más duras unos locales se apiadaron de nosotros y nos invitaron a ocupar la trasera del pick up. Era una oferta que no pudimos rechazar. Aun así tardamos dos horas en hacer los 50 km que nos separaban de la frontera.image Pasamos por controles del ejército y de los insurgentes Karen. A pesar de estar en conversaciones de paz, es frecuente el tránsito de personal armado de ambos bandos por esta zona. En una parada técnica se paró un vehículo a ofrecernos ayuda, aquellos simpáticos señores con subfusiles eran “terroristas” según el personal de la frontera.

Al entrar en Tailandia recuperamos el asfalto, el plato grande, los 20 km/h, la oferta comercial y gastronómica a precio razonable, pero sentimos que perdíamos muchas cosas: incertidumbre, aventura, autenticidad, curry, tanaka, betel, longyis, gente maravillosa y un contexto socio político cambiante que intenta desperezarse y sacudirse décadas de opresión.

Queremos volver, pero la cosa se nos complica, estos son los meses de más calor y en junio, con las lluvias, las carreteras estarán impracticables. Además Malasia esta cerca y seguro que tiene cosas que ofrecer.

Ya en Tailandia fuimos a pedir asilo a un templo donde pasamos dos días construyendo Budas. Era un especie de trabajo comunal, los donantes (una familia o grupo por cada uno de los 14 budas a construir) ponían el dinero y arrimaban el hombro junto con las gentes de los alrededores. De ésta manera acumulan mérito y se aseguran un buen Karma que les saque de la rueda de reencarnaciones. Ahí estuvimos, invitados de lujo, ocupando los lugares de privilegio (echando el cemento dentro del encofrado, poniéndole el manto al buda ya construido, siendo nombrados continuamente por el speaker que animaba el cotarro micro en mano: Aran, Gorka, are you happyyyyyy????? Yeeeeeesssssss!!!)

Nos pidieron que nos quedáramos hasta acabar el trabajo, tres días más. No era mal trato, pensión completa a cambio de una hora de trabajo al día, pero ya estábamos con un ojo en Koh Tao.

Montamos las burras y pusimos rumbo este, a Kanchanaburi, un poquito de río Kwai, cementerio de la II Guerra Mundial, nigth marketing y a la mañana siguiente etapa corta, 50 km para coger el tren de Panbong a Chumpon. De ahí el ferry a Koh Tao, desde donde escribimos estas letras.

Creo que un tercio de los tulis de esta isla son españoles, llevábamos 5 meses sin oír hablar castellano tan a menudo. Incluso tenemos cuadrilla, nuestra querida Katsi, con quien ya estuvimos en Chiang Mai y que en un par de dias regresa a casa,  Mónica que acaba sus meses viajeros en unas semanas, Omar y Barbara que acaban de comenzar su aventura… image Estaremos por aquí unos días  zanganeando y viendo pececitos antes de regresar al continente y poner rumbo al sur. Malasia, país musulmán. A mi el cuerpo me pide ya un poquito de cambio aunque creo que Arantxa, secretamente, sueña con hacer un quiebro en Ranong, entrar de nuevo en Burma y gritar a los cuatro vientos: ¡Mingalabaaaaaaaaa!

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Un año de excedencia, dos corazones, muchas agujetas.

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