Tag Archives: Bicicleta

Del uno al cinco.

31 Mar

image

28 días de permiso improrrogable, sin mapa, sin ruta, con solo cuatro meses de fronteras terrestres abiertas ante nosotros y con tantas incógnitas que nos quemaban los pedales.

Incógnita número uno: ¿nos acogerían los monjes en su morada? Se metieron hasta el fondo en las revueltas de 1988, en las que la sociedad entera mostró en las calles de todo el país que no aguantaba más; rechazaban ese incompetente y torpe partido único, ese control de opinión que resulta ofensivo para todo se humano, esa incontrolable inflación… Se montó una muy gorda.
Como consecuencias tardías de aquello, pensábamos que los monjes estarían controlados de cerca y por tanto no querrían meterse en líos de alojar a extra-terrestres. Pues bien; el 23 de febrero, día en el que entramos al país, en un templo cercano a la frontera de Mae Sot (Tailandia), hasta la cocina nos metieron!

Incógnita número dos: al haber abierto las fronteras terrestres hace cuatro meses o así, creíamos  que les pillariamos demasiado verdes en cuanto a permisos y libre tránsito de curiosos y que nos pondrían problemas a la hora de pedalear por zonas en las que no había alojamientos para extranjeros a 200 kms. a la redonda. En cambio ha habido muchas menos preguntas de las que esperábamos, trato correcto con los militares de los numerosisimos check- points que hay en la carretera (sin necesidad de sobornos), posibilidad de acampar sin que nadie se chive.
En en una ocasión en la que un peculiar bibliotecario medio estafador nos invitó a dormir en su casa para luego presionarnos para ser donadores honoríficos de su biblioteca, hubo que dar el aviso en la oficina del gobierno.
Este protocolo era obligatorio en las décadas de la dictadura. Cualquier persona que durmiera fuera de su casa ( casa de amigos o familiares), debía comunicarlo en su pueblo de origen y en el de destino. Las fuerzas del orden podían cerciorarse de que se hacía correctamente, entrando en las casas a cualquier hora de la noche.

Incógnita número tres: con el calor de marzo nos derretiríamos en la carretera junto con nuestras cubiertas. Marzo y abril son los meses más calurosos en Birmania.  Es mejor no saber cuántos grados hace.
Lo mejor, imitar a los locales. Taparse lo más posible y sobre todo cambiar los horarios. Durante este tiempo despertarnos a las 5.30 o 6 ha llegado a ser normalidad. Adelantarnos al sol y aprovechar las horas en las que se apiada de animales más débiles del planeta, nos ha hecho entender mejor la forma de vida y ritmos del país.

Incógnita número cuatro: en 28 días, con esas carreteras y el tamaño del país, no nos iba a dar tiempo a pedalear a todos los lugares que queríamos.
Es imposible ir rápido en Birmania, ni si quiera cuesta abajo! Cuando por fin te has ganado una buena bajada, tienes que ir frenando por que si no las alforjas van a salir volando. Además, al no tener un buen mapa, estábamos en manos de las muy vagas orientaciones de la gente, que tan pronto decían que faltaban 40 millas, como 80. No hay carteles, la gente no tiene coche y tampoco se mueven de aquí para allá como nosotros, así que, aunque nos costó unos días, entendimos por fin que no saben mucho de distancias.
Lo que sí saben es valorar la capacidad de dos cicloturistas ingenuos en medio de zonas montañosas deshabitadas. En las dos ocasiones que cruzamos el macizo que va paralelo
al mar, desde el este de  Gwa hasta el oeste de Teekeh, acabaron acercándonos algún tramo en sus remolques. No querían ser cómplices de un suicidio extranjero en su propia tierra.
Las zonas más sencillas para pedalear fueron antes y después de Yangon. Pequeñas ciudades muy bulliciosas  como Pah An que nos recordaban tanto a India, pueblos humildes pero con preciosas casas de oscura madera de teca antigua. Y  también poblados de chabolas de bambú, muy pobres, sin luz eléctrica ni agua, viviendo con tan poco. Niños sin acceso al colegio y madres y padres con mínimas posibilidades de cambiar la situación, viviendo al día. A veces se hacía descorazonador.
Yangon me gustó mucho; una ciudad enérgica, de habitantes muy heterogéneos. Nos movimos en bici generando más adrenalina que en paraparacaídas. En cuestión de tráfico es la ciudad más peligrosa que hemos visitado. Nuestra querida Uta nos contó que hasta hace dos años no había apenas coches en la ciudad, así que hay miles de personas con “L” al mismo tiempo y eso se nota.
Conocimos a Uta a través de “warm showers”, una página donde ciclistas se ofrecen a alojar a ciclistas viajeros. Ella es “berlinesa” y lleva 13 años en Yangon, trabajando para una empresa alemana. Como la mayoría de expatriados vive en el Lago Inye, una zona residencial preciosa. Había que ver nuestra cara de felicidad cuando llegamos a su urbanización de lujo, con piscina, pistas de tenis, etc.  Vivan los contrastes. Aceptó a sus invitados harapientos sin miramientos y se portó súper  bien con nosotros.

La zona de costa del país es bastante inhóspita. Salvo  Pathein y Ngapali, el resto no está turísticamente explotado. Son cientos de kilometros de playas con algunos pueblos de pescadores a lo largo de una carretera-camino que va unos metros hacia el interior para protegerse de los temporales. Oliendo a pescado secándose al sol ( que utilizan luego para hacer una salsa endemoniada) y con el recuerdo del sabor de los calamares que los pescadores nos regalaron en Kanthaya, pedaleamos hacia Ngapali Beach.

image

En Tandwe, el campamento base para ir a Ngapali, tuvimos la gran suerte de  en encontrarnos con el gerente de un eco- resort de allí que estaba dando una vuelta en bici. A Johan le sorprendió y alegró tanto vernos, que nos invitó a pasar unos días gratis acampados en su resort. Esta claro, la bici mueve corazones.

En la parte final del mes, teníamos que plegar bicis si queríamos ver Bagan. Teniendo en cuenta que el norte del país sí que permanece cerrado a los turistas, Bagan puede considerarse zona norte aunque viéndolo en el mapa no lo sea. Fue un auténtico peregrinaje, tanto ir como volver de allí, pero supongo que en eso consiste también, tratándose de uno de los lugares históricos más sagrados del sudeste asiático. Fue la capital del reino de Pagan entre los siglos IX. y XIII., etapa en la que se dio la transición del Budismo Mahayana al Theravada, que es el que hoy en día se practica. Como no hay mayor ilusión que la del poder del ladrillo, los sucesivos reyes del reino se afanaron en construir hasta 10.000 templos en la zona. Lo que queda ahora es un gran cementerio de unos 3000 templos y estupas preciosas, rodeados de vegetación y campos de cultivo atravesados por caminos y senderos por los que nos perdimos encantados unos cuantos días.

image

Después de Bagan teníamos un gran reto por delante: llegar al sur del país antes de que el visado acabara y entrar a Tailandia por Kanchanaburi.

Incógnita número cinco: ¿cuántos años puede mascar alguien betel antes de que se le caigan todos los dientes? Que ayuda a pensar, que te concentras mejor, que te mantiene despierto… ¿Cuál es el secreto de los “boca llena”? Así bautizamos a los hombres y mujeres que desde que amanece hasta que cae el sol, mastican unos trozos de nuez moscada, condimentados con hierbas aromáticas y una piedra molida , envueltos en una hoja verde fresca ( que le da nombre a la receta). El betel es barato pero el precio de mascarlo, muy alto. Por mucho que te despeje o te despegue, joé, seguirá siendo un misterio para nosotros por qué comerlo hasta que se te caigan los dientes.

Por ésta y otras incógnitas, nos gustaría tanto volver a Birmania… Es tan auténtica y misteriosa todavía…

Agur Mekong

5 Mar

P1060455

Regresamos de nuevo a Laos, dejamos Isan para cruzar el Friendship bridge n°1 camino de Vientiane. Este Laos de los arrabales de la capital se asemejaba mucho mas a Tailandia que el que nos recibio en el sur.

Vientiane no tenia demasiado que ofrecernos, nuestros ojos y latidos estaban puestos en las montanas que nos separaban de Luangprabang. Tras las visitas capitalinas de rigor, pusimos rumbo al norte y en dos dias arribamos a Vang Vieng. Esta es la meca Laosiana del mochilero. La esperabamos caotica y desfasada pero nada de eso. Logicamente estaba cuajada de tardoadolescentes, ellos en bermudas, ellas en chores, y albergaba un par de garitos turbios donde corria la Beerlao y toda clase de pocimas que no probamos, somos deportistas ;))

En general el ambiente era bastante relajado, si con Salou o los Benidores lo comparamos (siquiera a escala). Diria yo que incluso mas que en la plaza de Cascajares de la Bureba en aquellas fiestas de los 90 (quien estuvo alli lo podra confirmar).

En Vang Vieng pudimos disfrutar de una velada con Marcel y Juli, nuestros amigos alemanes de Freedom Farm, que ahora estaran cerca de Australia. Buen Viaje pareja!!!

Tambien disfrutamos las montanas de sus alrededores, sus cuevas y la curiosa blue lagoon. Si vais no dejeis de alquilar una bici para explorar los alrededores. Son realmente bellos, merece la pena. Se parece mucho a Vinales (Cuba). Podria ser una Bahia de Halong sin agua, surcada de caminos polvorientos.

Se estaba agusto en Vang Vieng, pero algo nos impedia quedarnos. Desde el principio de la aventura, cuando la carretera se empinaba, repetiamos como un mantra: esto no es nada, vas a ver cuando lleguemos a Laos… Y necesitabamos comprobarlo.

La carretera no decepciono. Pese a ser una de las principales del pais apenas soporta trafico, si excluimos a las docenas de caravanas de chinos motorizados que nos cruzabamos cada dia. Eran sus vacaciones de ano nuevo y alli estaban, en “expediciones” de 10 o 12 coches, debidamente ambientados (walki talki, pegatinas en el coche) y numerados. Era bastante complicado descender aquellos inmensos puertos con la certeza de que detras de cualquier curva iba a aparecer un Vilarino de ojos rasgados trazando la curva por el interior, como si la carretera fuera un circuito para su uso y disfrute.

A pesar de eso las cuatro etapas de Vang Vieng a Luangprabang fueron de lo mejor del viaje. La primera noche, tras una jornada de media montana dormimos en un pequeno y economico Resort en o alto de un puerto. Nos lo recomendo un cicloturista holandes (esta gente viene con bicis de 2000 € y libros de ruta, igualito que nosotros). Llegamos de noche bien cerrada, pudimos parar antes y poner la tienda o buscar algo pero no podiamos hacerlo hasta llegar a las Hot Springs!! El sitio era mas que sencillo, pero tenia una piscina natural de aguas termales donde reposamos nuestros maltrechos mecanismos tras dejar los bartulos en la cabana.

Al dia siguiente empezaba la fiesta de verdad. Varios puertos de entre 15 y 20 km que subir y bajar, paisajes preciosos, pueblos H’mong y Akkha jalonando la carretera y mucho sudor. Despacito, sabiendo que tras la subida venia la bajada.

Compartimos rodadas, mesa y mantel con Cis y Rachel (londinenses amantes de la bicicleta) y Andre, breton de 66 anos que desde que se jubilara se va un par de meses anualmente a ciclar por ahi. Una gozada contar batallitas y comentar la jugada en esa mezcla de acentos y afectos que unio la carretera.

P1060459

Finalmente llegamos a Luangprabang, la capital de los templos, la ciudad “dolorosamente bella” segun la loli. Volvimos a sentir el sindrome de Angkor, aquello estaba cuajado de gente comprando souvenirs (el chinese new year es lo que tiene) y nuestros pensamientos todavia estaban negociando aquella curva tan jodida del descenso, buscando mas pinones en la cuesta o tratando de entender la mezcla de indiferencia y hostilidad que nos recibia en cada pueblo H’mong de las montanas (vease el post “Cada 8 minutos”).

El culmen de Luangprabang es la procesion matutina en la que, al alba, cientos de monjes salen de las docenas de templos a recibir las ofrendas de las devotas. Esto es muy comun en todos los pueblos y templos de estos paises budistas, pero aqui se ha convertido en una atraccion turistica, una suerte de encierro sanferminero con alquiler de balcones incluido. Lamentable ver al guiri de turno, sacando fotos en los pitones del monje. Nosotros no nos levantamos.

Lamentamos decepcionaros, oh excelsos seguidores de nuestras turistadas!!, pero pasamos de participar en semejante espectaculo, por respeto a la ceremonia, a las personas que la consideran importante y a los propios monjes. Ademas, cada dia en los margenes de las carreteras vemos esa misma ceremonia a escala local y a menudo participamos de ella en los templos en los que nos cobijan (la mayoria de las veces siendo nosotros los agasajados).

En Luangprabang celebramos mi cumpleanos cenando con vino chileno y mantel de tela!! Lujo total, como un lujo fue la tarta sorpresa y el fantastico regalo de Arantxa (un masaje para los dos en el sitio mas cool de la ciudad). Tras la cena hasta quedamos con nuestras amigas Cis y Rachel para seguir la fiesta, genial!!

De Luangprabang nos fuimos por el Mekong, despues de 4 meses y acompanarle en Vietnam, Camboya, Tailandia y Laos nos tocaba despedirnos de el. Que mejor manera que navegarlo durante dos dias. Asi llegamos a Huayxai, tras la preceptiva escala en Pakbeng. Os recomendamos este trayecto, es barato (unos 24€ pax, 30€ con la bici), bonito y comodo. Hay que llevar comida y bebida para la singladura (en el barco venden pero es mas caro), comprar en el muelle los tikets (y evitar comisiones de las guest house o agencias) y preveer que en Pakbeng toca pagar casi el doble de lo que vale una habitacion (u os buscais la vida como hicimos nosotros para dormir gratis). En Pakbeng se siente la cercania del Golden Triangle, ambiente turbio, continuos ofrecimientos de opio y algunos guiris experimentando. Es una ratonera (o nos lo parecio al llegar al atardecer), pero una escala pintoresca.

En Huayxai gastamos nuestros ultimos kips, cenamos con los coleguitas del barco y volvimos a entrar en Tailandia. Otra vez nos pidieron dinero para sellar el pasaporte, esta vez incluso en Tailandia!!. Nosotras, que hemos mejorado la tecnica solo pusimos cara de tonto y dijimos nomoni, nomoni. Funciono. De nuevo en el reino de Bumibol felices como perdices.

Cada 8 minutos

10 Ene

image

Cada 8 minutos, día tras día. Cada 8  minutos, durante casi una década.

Cada 8 minutos despegaba un bombardero de aeropuertos “secretos” que nunca existieron. Cada 8 minutos vaciaban su letal carga sobre las gentes, en una guerra que nunca ocurrio. En ocasiones bombardeaban con lo que no habían podido tirar en Vietnam, cargado no se puede aterrizar. Ya tu sabes, nada personal, solo negocios…

Más de 2.000.000 de toneladas de explosivos cayeron sobre Laos. Este pequeño país sin mar tiene el doloroso récord de ser el más bombardeado del mundo. Los USA lanzaron aquí más bombas que en toda la segunda guerra mundial, Europa y Japón incluidos.Y eso en un país declarado neutral, escenario involuntario de la guerra fría más caliente.

Este es un país que más pareciera un rehén de otros. El rey de Tailandia se lo regaló a los franceses para que le dejaran tranquilo,  cuando estos se marcharon, le dieron la independencia a lo Sahara español para que los vecinos gordos se lo rifaran. Como China y Vietnam es una República Popular, los yankis hicieron un gran trabajo para consolidar las simpatías comunistas, al menos estos no les bombardeaban.

Cerrado a cal y canto durante más de treinta años, lamiendo sus heridas, sin posibilidad de sacar pecho, perdedores en todas las guerras ajenas. Hasta hace poco uno de los 20 países más pobres del mundo, los chinos les hacen carreteras para llevarse sus minerales (cobre y oro sobre todo), los vietnamitas y tailandese les venden sus productos y la oligarquía del partido no parece dar muestras de agotamiento.

En la forma se nos antoja como Camboya, en el fondo tiene algo de Vietnamita. Hasta ahora nos hemos encontrado un país montañoso, con infraestructuras a medio construir y con un Mekong omnipresente que lo vertebra y riega sus mayores ciudades y puntos de “interés” turístico.

Percibimos en las gentes algo de hastío, una alegría intermitente y una amabilidad a ratos distante. Igual somos nosotros, igual es el calor sofocante o el resfriado que arrastro y convirtió en un vía crucis los 110 km de ayer.

Dejamos la civilizada Tailandia para encontrarnos un país en el que las mordidas de la frontera están institucionalizadas. En Chong Mek un ajado cartel conmina a pagar un dólar más si llegas después de las 4 o en finde. Como era nuestro caso, poco hubo que objetar. Además cuando cae la noche y uno lleva 100 km las ganas de porfiar decrecen estrepitosamente, aunque te pidan otro dolar por sellar el visado ya mordido.

Engrasada con nuestros fondos la corruptela local, tomamos la carretera. Tuvimos suerte y  encontramos un picadero a diez km de la frontera, la llave de la habitación era un tenedor con el que sin demasiada habilidad conseguías abrir el pestillo. La cena frugal, a falta de hornillo y de oferta en el amago de pueblo que nos cobijaba.

Desde allí fuimos a Pakse, lo que fuera capital de Indochina guarda edificios coloniales de buen ver y su parcelita de Mekong. Después rumbo al sur, apenas 40 km para disfrutar de la diminuta, calmada y ruralmente cosmopolita Champasak con su teatro de sombras, su cine mudo con música en directo (al que acudimos puntuales cada atardecer) y su Wat Phu.

Ahora en las 4000 islas, donde el Mekong se rompe en mil pedazos, con islas alargadas, líquidas como las figuras de Dalí, frontera natural con nuestra recordada Camboya.

Nos esperan un par de días de hamaca, que es lo que dice la Loli  que hay que hacer. Saludos laosianos.

Desde Khao Yai saludando al 2014

3 Ene

Presentamos nuestros respetos a Ayutthaya, precioso lugar del que no quisimos abusar, sobre todo teniendo en cuenta la resaca de la borrachera de piedras que aun nos duraba desde Angkor.

Hecha la necesaria descompresión de Bangkok, retomamos las burras y pusimos rumbo este, el objetivo era el Parque Nacional de Khao Yai. Algo más de 150 km y dos días de pedaleo por delante. La mayor parte de la ruta discurría por una autovía, con arcenes enormes y perfectos por los que, de vez en cuando, circulaban todo tipo de vehículos en sentido contrario, todo muy correcto y ordenado.

Era día 28 y creímos que era una inocentada lo que veíamos, un tráfico bestial, con retenciones kilométricas en el sentido hacia el que nos dirigiamos. Una operación salida en toda regla. A nosotros no nos iba mal por el arcén, estaba bien la cosa, hasta nos regalaban agua, café y nos invitaban a comer en unas áreas de descanso patrocinadas que había repartidas por la carretera. Así llegamos a Saraburi, hotel elegante y decadente, feria con noria… Genial!!!

Al día siguiente la cosa  empezó divertida, atasco bíblico y nosotros avanzando entre los carriles. Los primeros km fue gratificante, paradita a comer de gratis cortesía de una marca de coches, otra a tomar café a cuenta de una cementera… Pero pronto empezó a resultar tedioso primero y agónico después. Cada vez menos sitio entre carriles, el arcén desparecido hacia horas, los miles de tubos de escape nos robaban el oxígeno y las ganas de rodar.

Después de 50 km Arantxa se plantó y abandonamos la autovia para buscar algún hotel. Pero tanto sufrimiento tuvo recompensa, sin saberlo salimos al camino secundario que llevaba al parque. Gracias a su pálpito dejamos atrás el infierno y ahorramos como 20 km.

Noche de acampada en las inmediaciones del parque y a la mañana siguiente a coronar. Paramos a comprar provisiones en uno de los omnipresentes sevenilevens tais y allí estaba aprovisionandose Frank de la Jungla!! Muy majete, se echó unas risas mientras nos decía que nos quedaban 14 km de subida “muy jodidos”. Nos hicimos una foto, nos tranquilizó diciendo que éramos vascos y nos despedimos.

Cierto que la subida eran 14 km, lo más duro que hemos hecho desde que comenzamos, 4 de subida, 4 de paredes y 6 de subibajas. Más otros 7 rompepiernas para llegar al campsite desde el centro de visitantes.

Allí acampamos tres días, para rentabilizar la subidita y porque empezamos a pillarle el punto al lugar y a los tais. Con ellos pasamos la noche de fin de año, comimos de sus manjares (no podían consentir que comiéramos solo nudels instantáneos esa noche), bebimos del güisqui de los 4 valientes que no se acostaron a las 9 y coreamos sus canciones minutos antes del “countdown”, hicimos sonar las campanas dándole espatulazos a un wok y comimos 12 gominolas que prometían ser de uva.

El día 1 aquello ya parecía un parque natural, se fue la marabunta y pudimos disfrutar de la jungla, hasta le vimos un poco los dientes en una caminata de 5 horas que abortamos a la mitad cuando se borró el camino y fue complicado volver sobre nuestros pasos apenas 200 m. Amigos, si os dicen que hace falta guía, hacedles caso!!

Ahora en Ubon Ratachani, a menos de 100 km de la frontera, mañana dormiremos en Laos.

Pd: Urte berri on denoi!!! Nos acordamos mucho de todas vosotras, pero sin wifi ni saldo no pudimos saludaros y desearos lo mejor. Os queremos!!!

Bangkok

28 Dic

Escribir en un tren. Levantarse cada vez que alguien reclama su asiento numerado, buscar otro para repetir la operación como una letanía hasta quedarse de pie.

Dejamos Bangkok y vamos hacia Ayutthaya, 78 km y dos horas sin contar el retraso (45min al momento de la salida).

Bangkok no ha defraudado, han sido 5 días plácidamente intensos. Pasado el miedo escénico, el segundo día nos lanzamos a la carretera y volvimos a sentir la adrenalina y el vértigo de la montaña rusa. Tras el shock inicial descubrimos una ciudad inmensa, en la que es fácil ubicarse con un pequeño mapa. Cierto que hay que ciclar con mil ojos y señalizar continuamente, pero la tolerancia de los conductores sorprende en éste simpático monstruo tan acostumbrado a los atascos.

Huimos expresamente de Khaosan y fue un acierto. Ir de visita estuvo bien, sobre todo para ver a nuestros amigos los backpackers cociéndose en su calle y, en los alrededores, todo el tinglado de manis y protestas que duran más de un mes y exigen al ejército que de otro golpe de estado (por estos lares ya van como 17 constituciones desde 1932 y menos una o dos, todas las han promulgado los milicos tras el preceptivo cuartelazo). El último fue en 2006 y dicen que fue incruento, aunque lo disolver a la gente a balazos también se debe llevar por aquí…

Aquí os dejo un enlace que puede ayudar a entender este batiburrillo:

http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/12/tailandia-historia-ciclica/

Ajenos al bullicio, nuestro guesthouse en los márgenes de Chinatown nos ayudó a descubrir otra dimensión de la ciudad. La de los mercadillos, los mil centros comerciales, las casas bajas en barrios centenarios y los rascacielos que luchan por tocar el cielo.

Tanto neón ha desatado nuestra bestia consumista, hasta nos hemos hecho regalitos de olentzero, confiamos en que todo vuelva a la normalidad cuando  encaremos Isan, el noreste rural, la zona menos desarrollada del país.

El plan es pasar el día de 4 enero a Laos, ya que al entrar por tierra solo nos han dado visado de 15 días en Tailandia. Y hablando de visados, ¡ya tenemos el de Birmania!. Ya os diremos si llegado el momento podemos pasar la frontera con las bicis, no esta muy claro.

De momento, mañana a disfrutar de la majestuosidad de Ayutthaya, la capital mancillada y destruida por los Birmanos en el siglo XVIII.

Después… Lo que nos vayamos encontrando camino de la frontera,  preveemos una travesía salpicada de parques naturales, montañas y campos de arroz.

*Nota: Cuelgo el post después de visitar Ayutthaya, lo visto y oído allí irá en otro. Un saludo!!!

De Saigon al Mekong

20 Nov

DSC_0163[1]

Mucho ha llovido (literalmente) desde que el Hayan azoto de refilon estas costas, nuestro apoyo y solidaridad a los millones de afectados que ha dejado tras de si, especialmente en Filipinas. En Vietnam murieron 5 personas, paradojicamente lo hicieron cayendo de los tejados mientras colocaban sacos preparandose para la tormenta…

Tras disfrutar de la belleza pausada de Hoi An, las ruinas Champas de My Son y la correspondiente turistada (alquilar una moto para ir hasta alla),  fuimos hasta Nha Trang en tren. Este es el Benidorm Ruso-Vietnamita, donde los rascacielos apenas tienen sitio frente a la playa kilometrica y ya pugnan por copar la segunda linea.

Tras el chapuzon preceptivo y el homenaje gastronomico (estupendo pescado y marisco a buen precio), al dia siguiente fuimos en bus a Dalat, una pequena ciudad enclavada en las montanas del altiplano central, donde lo kichts se mezcla con una naturaleza exhuberante. Los locales lo llaman el pequeno Paris y es el destino preferido por los enamorados para sus lunas de miel y escapadas romanticas. Para nuestro paladar resulta un parque tematico del horterismo, circundado por unas montanas cuajadas de cascadas y con un mercado de abastos de lo mejorcito que hemos visto hasta ahora por autentico y fotogenico..

En Dalat hicimos couchsurfing y nos alojamos con una familia. Salvo una persona nadie hablaba ingles, pero eso no fue obstaculo para vivir una  fantastica experiencia, demostrando que la barrera idiomatica no es necesariamente una barrera comunicacional.

Al dia siguiente cogimos las bicis y nos dirigimos para Saigon, 300 km en tres dias. La bajada de Dalat fue genial, pero luego empezo el circuito rompepiernas que nos acompano hasta 70 km antes de Saigon, constantes subidas y bajadas, con dias de mucha lluvia o axfisiante calor.

En Phu Hiep conocimos una vez mas la hospitalidad Vietnamita. La familia de Chilaam nos adopto y nos invito a cenar, dormir y desayunar. Era una familia dedicada al cultivo del cafe y con ellos pasamos unas horas geniales, agasajados y sirviendo de excusa para que toda la familia se acercara a la casa. Chilaam les llamaba por telefono y les contaba a todos la misma historia: Le preguntamos donde podiamos poner la tienda de campana y nos invito a su casa.

Tras despedirnos de esta estupenda familia seguimos camino. Fueron jornadas duras, la climatologia y las cuestas pasaban factura. 70 km antes de Saigon montamos el circo, paramos un microbus y nos subimos, con bicis y todo dentro. Comprendimos porque esta gente gana todas las guerras, tienen una capacidad de adaptacion impresionante. Habia que ver al tipo que estaba sentado y le pusieron las bicis en el pasillo con el manillar a 10 cm de su cara. No dijo ni mu, y cuando quiso salir para mear, lo hizo por la ventana…

Los arrabales de Saigon nos recibieron con sus neones muecos* y su trafico imposible, conforme avanzabamos el neon daba paso a los leds y el trafico se intensificaba.

Alli pasamos tres dias en Bui Vien, una de las calles mochileras del distrito 1. Supongo que Khaosan Road debia ser asi hace un tiempo. Tragafuegos, cerveza barata, gente joven local y mochileros ociosos en un paraje a ratos sordido y siempre bullicioso.

Como no podia ser de otra manera fuimos a los tuneles de Cu Chi. Nos parecio una visita prescindible, por no decir a evitar. Cutre, masificado, comercial y con gringos vaciando cargadores de ametralladoras que hacian un ruido terrible. No pudimos evitar pensar en Siria y en todas las partes del mundo donde eso no es un juego. Con un poco de mal cuerpo volvimos para Saigon.

Ahora estamos en Can Tho, el corazon del delta del Mekong. Hemos ido en bici a ver el mercado flotante de Cai Rang y menos mal, habia mas botes de turistas haciendo fotos que gente vendiendo o comprando.

En breve vamos camino a Chau Doc (o donde lleguemos), en dos dias acaba nuestro visado y tenemos que salir del pais. Camboya nos espera.

*Mueco: En Colombia desdentado.

Cicloturistadas

Un año de excedencia, dos corazones, muchas agujetas.

Paisajes Adolescentes

Un año de excedencia, dos corazones, muchas agujetas.