Archivo | enero, 2014

Cada 8 minutos

10 Ene

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Cada 8 minutos, día tras día. Cada 8  minutos, durante casi una década.

Cada 8 minutos despegaba un bombardero de aeropuertos “secretos” que nunca existieron. Cada 8 minutos vaciaban su letal carga sobre las gentes, en una guerra que nunca ocurrio. En ocasiones bombardeaban con lo que no habían podido tirar en Vietnam, cargado no se puede aterrizar. Ya tu sabes, nada personal, solo negocios…

Más de 2.000.000 de toneladas de explosivos cayeron sobre Laos. Este pequeño país sin mar tiene el doloroso récord de ser el más bombardeado del mundo. Los USA lanzaron aquí más bombas que en toda la segunda guerra mundial, Europa y Japón incluidos.Y eso en un país declarado neutral, escenario involuntario de la guerra fría más caliente.

Este es un país que más pareciera un rehén de otros. El rey de Tailandia se lo regaló a los franceses para que le dejaran tranquilo,  cuando estos se marcharon, le dieron la independencia a lo Sahara español para que los vecinos gordos se lo rifaran. Como China y Vietnam es una República Popular, los yankis hicieron un gran trabajo para consolidar las simpatías comunistas, al menos estos no les bombardeaban.

Cerrado a cal y canto durante más de treinta años, lamiendo sus heridas, sin posibilidad de sacar pecho, perdedores en todas las guerras ajenas. Hasta hace poco uno de los 20 países más pobres del mundo, los chinos les hacen carreteras para llevarse sus minerales (cobre y oro sobre todo), los vietnamitas y tailandese les venden sus productos y la oligarquía del partido no parece dar muestras de agotamiento.

En la forma se nos antoja como Camboya, en el fondo tiene algo de Vietnamita. Hasta ahora nos hemos encontrado un país montañoso, con infraestructuras a medio construir y con un Mekong omnipresente que lo vertebra y riega sus mayores ciudades y puntos de “interés” turístico.

Percibimos en las gentes algo de hastío, una alegría intermitente y una amabilidad a ratos distante. Igual somos nosotros, igual es el calor sofocante o el resfriado que arrastro y convirtió en un vía crucis los 110 km de ayer.

Dejamos la civilizada Tailandia para encontrarnos un país en el que las mordidas de la frontera están institucionalizadas. En Chong Mek un ajado cartel conmina a pagar un dólar más si llegas después de las 4 o en finde. Como era nuestro caso, poco hubo que objetar. Además cuando cae la noche y uno lleva 100 km las ganas de porfiar decrecen estrepitosamente, aunque te pidan otro dolar por sellar el visado ya mordido.

Engrasada con nuestros fondos la corruptela local, tomamos la carretera. Tuvimos suerte y  encontramos un picadero a diez km de la frontera, la llave de la habitación era un tenedor con el que sin demasiada habilidad conseguías abrir el pestillo. La cena frugal, a falta de hornillo y de oferta en el amago de pueblo que nos cobijaba.

Desde allí fuimos a Pakse, lo que fuera capital de Indochina guarda edificios coloniales de buen ver y su parcelita de Mekong. Después rumbo al sur, apenas 40 km para disfrutar de la diminuta, calmada y ruralmente cosmopolita Champasak con su teatro de sombras, su cine mudo con música en directo (al que acudimos puntuales cada atardecer) y su Wat Phu.

Ahora en las 4000 islas, donde el Mekong se rompe en mil pedazos, con islas alargadas, líquidas como las figuras de Dalí, frontera natural con nuestra recordada Camboya.

Nos esperan un par de días de hamaca, que es lo que dice la Loli  que hay que hacer. Saludos laosianos.

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Desde Khao Yai saludando al 2014

3 Ene

Presentamos nuestros respetos a Ayutthaya, precioso lugar del que no quisimos abusar, sobre todo teniendo en cuenta la resaca de la borrachera de piedras que aun nos duraba desde Angkor.

Hecha la necesaria descompresión de Bangkok, retomamos las burras y pusimos rumbo este, el objetivo era el Parque Nacional de Khao Yai. Algo más de 150 km y dos días de pedaleo por delante. La mayor parte de la ruta discurría por una autovía, con arcenes enormes y perfectos por los que, de vez en cuando, circulaban todo tipo de vehículos en sentido contrario, todo muy correcto y ordenado.

Era día 28 y creímos que era una inocentada lo que veíamos, un tráfico bestial, con retenciones kilométricas en el sentido hacia el que nos dirigiamos. Una operación salida en toda regla. A nosotros no nos iba mal por el arcén, estaba bien la cosa, hasta nos regalaban agua, café y nos invitaban a comer en unas áreas de descanso patrocinadas que había repartidas por la carretera. Así llegamos a Saraburi, hotel elegante y decadente, feria con noria… Genial!!!

Al día siguiente la cosa  empezó divertida, atasco bíblico y nosotros avanzando entre los carriles. Los primeros km fue gratificante, paradita a comer de gratis cortesía de una marca de coches, otra a tomar café a cuenta de una cementera… Pero pronto empezó a resultar tedioso primero y agónico después. Cada vez menos sitio entre carriles, el arcén desparecido hacia horas, los miles de tubos de escape nos robaban el oxígeno y las ganas de rodar.

Después de 50 km Arantxa se plantó y abandonamos la autovia para buscar algún hotel. Pero tanto sufrimiento tuvo recompensa, sin saberlo salimos al camino secundario que llevaba al parque. Gracias a su pálpito dejamos atrás el infierno y ahorramos como 20 km.

Noche de acampada en las inmediaciones del parque y a la mañana siguiente a coronar. Paramos a comprar provisiones en uno de los omnipresentes sevenilevens tais y allí estaba aprovisionandose Frank de la Jungla!! Muy majete, se echó unas risas mientras nos decía que nos quedaban 14 km de subida “muy jodidos”. Nos hicimos una foto, nos tranquilizó diciendo que éramos vascos y nos despedimos.

Cierto que la subida eran 14 km, lo más duro que hemos hecho desde que comenzamos, 4 de subida, 4 de paredes y 6 de subibajas. Más otros 7 rompepiernas para llegar al campsite desde el centro de visitantes.

Allí acampamos tres días, para rentabilizar la subidita y porque empezamos a pillarle el punto al lugar y a los tais. Con ellos pasamos la noche de fin de año, comimos de sus manjares (no podían consentir que comiéramos solo nudels instantáneos esa noche), bebimos del güisqui de los 4 valientes que no se acostaron a las 9 y coreamos sus canciones minutos antes del “countdown”, hicimos sonar las campanas dándole espatulazos a un wok y comimos 12 gominolas que prometían ser de uva.

El día 1 aquello ya parecía un parque natural, se fue la marabunta y pudimos disfrutar de la jungla, hasta le vimos un poco los dientes en una caminata de 5 horas que abortamos a la mitad cuando se borró el camino y fue complicado volver sobre nuestros pasos apenas 200 m. Amigos, si os dicen que hace falta guía, hacedles caso!!

Ahora en Ubon Ratachani, a menos de 100 km de la frontera, mañana dormiremos en Laos.

Pd: Urte berri on denoi!!! Nos acordamos mucho de todas vosotras, pero sin wifi ni saldo no pudimos saludaros y desearos lo mejor. Os queremos!!!

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Un año de excedencia, dos corazones, muchas agujetas.

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